Cuento 1. “Los monstruos de las tinieblas”




Hace 9 años y algunos meses, nace Mamu, en Monclova Coahuila. Una osita de peluche negra con patas cafés, aulladora desde temprana edad.
Me entero de su existencia y me enloquezco por ella. Decido ir a Monterrey por ella. Desde que la vi dije, va a ser un reto, y me encantan los retos, mordía fuerte, aullaba, hacía pipí y popó por todos lados. Dos meses y ya no parecía osita de peluche, era un monstruo. Por eso decidí llamarla Mamu (Monstruo). El viaje a la CDMX no fue fácil, no me dejaron llevarla arriba, se fue en el portaequipaje del avión. Era el momento donde la influenza H1N1 estaba en su auge en la ciudad.  Al llegar a nuestro destino, tardó un rato en salir a la banda de recepción de equipaje. Vi cómo aventaban su transportadora y escuché sus gritos de susto.Nos costó trabajo conseguir un taxi que nos aceptara llevar, decían que ella podía ser portadora del virus. Tuvo que irse dentro de la trasportadora todo el trayecto.
 
Definitivamente, ese fue un comienzo abrupto y eso trajo muchas consecuencias. Mamu, era una pastor alemán con una bomba de energía, rompía cosas aunque la estuviera viendo, ladraba y protestaba sino le daba mi atención, jalaba como si quisiera llevar un trineo en los paseos, mordía y le ladraba a otros perros en el parque. ¡Un verdadero reto!. La vieron tres entrenadores, ninguno quiso entrenarla. “Tu perra es hiperactiva, dale flores de Bach y después hablamos”… “Tu perra es agresiva, yo no entreno perros guardianes”… “Tu perra necesita unos buenos golpes o mejor dásela a alguien más”.
Si en ese entonces yo hubiera sabido todo lo que he aprendido hasta ahora... Pero no, así que todas las noches me la pasaba pensando, ¿qué puedo hacer, qué puedo cambiar para que ella mejore?
Así que Mamu me acompañaba a correr kilómetros (llegó a correr 25-30 kilómetros por semana), después iba a jugar con sus amigas al parque. Gracias a Cuca (bulterrier), Sabina (Doberman), Luna (Pastor Belga) (el trío de perras intocables medio gangsters del parque), que la aceptaron y le fueron enseñando cosas. Sabina le enseñó a correr y traer la pelota, Luna a contener peleas de otros perros y Cuca ¡Uff! A quitarse perros de encima a base de patadas, gruñidos y unas cuantas mordidas.  Así que Mamu, a pesar de su ansiedad y de su hiperactividad, empezó a mejorar viendo a otros perros (aunque agarró ciertas mañas que no me encantaban), encontrando sus ritmos y entendiendo que yo le estaba echando ganas para mejorar nuestra comunicación. 

Mamu, Cuca y Sabina
Me costaba trabajo encontrar el tiempo y tenerle la paciencia, pero finalmente era mi Monstrua, mi protectora, mi mejor amiga. Así que el parque era uno de sus lugares y actividades favoritas, ahí conoció a muchos perros en sus primeros años; Benita, Nanuk, Tequila, Clifford, Alvin, Toby, Pandora y Afrodita. Y con todos en algún momento tuvo sus roces, Mamu era de armas tomar, intolerante,  y celosa. También tenía a sus primas en casa de mi mamá. Goka, Pan y la pequeña Maris. Uy cómo sufríamos las dos cuando íbamos a visitarlas, Mamu se mareaba y vomitaba de inicio a fin, pero después de unos 6 meses y mucha práctica, lo logró sin percances.

Mamu, Goka, Pan y Maris
Cuca se convirtió en su mejor amiga, no jugaban a las luchitas ni pelota, pero se llevaban muy bien, íbamos a otro parque donde ambas perseguían ardillas y se sentaban a descansar y espantar a otros perritos que se acercaban. Al segundo celo tuvieron que esterilizarla ya que tenía una infección en el útero, a partir de ello Mamu empezó a madurar y a comportarse mejor. Ya no saltaba como loca hacia las visitas, ya no me jalaba en los paseos, podía soltarla en partes de nuestro paseo sin temor a que se bajara de la acera. Ya no ladraba a cada perro que veía, se sentaba y los veía con cara de “Soy una monstrua, no te me acerques” y suelta en el parque realmente disfrutaba de oler, correr, jugar y conocer a otras personas y perros. Me acompañaba en mis actividades, mis carreras, mi trabajo, mi estudio, mis fiestas. Se sentaba a mi lado mientras yo estudiaba hasta altas horas de la noche, protestaba y aullaba si daban más de las 10 de la noche y yo seguía frente a la computadora. 
Vivimos muchas situaciones, cambios, aventuras, sustos juntas las dos en un departamento hasta que un día conoció a Doroteo…

Hace 10 años y unos meses, nace Doroteo, una bola de pelos negra, tranquilo y cariñoso de nariz a cola. No tuve el gusto de conocerlo desde cachorro, si lo hubiera hecho, me hubiera flechado más de lo que ya me tiene. Llegué a conocerlo cuando ya tenía unos tres años y meses. Movía su cola con mucha alegría al verme, me daba pequeñas mordiditas en las piernas o en las manos por la emoción. Le decía constantemente que mis dedos no eran patitas de pollo, aunque tal vez no entendía esa analogía, él sólo comía croquetas en ese entonces. Lo veía los fines de semana.  Los acompañaba a pasear, era un maestro del paseo. Un rato con correa y otro rato suelto, en un amplio camellón de la CDMX. Olía con alegría, corría, iba tras la pelota, recolectaba PET´s (le encantaba tronarlos en su boca, sobre todo los de coca cola, a lo mejor percibía el olor a dulce). También íbamos a una cancha de basquet cercada, en donde le aventábamos la pelota y corría a toda velocidad por ella, el problema es que hasta la fecha, soltarla, no es su fuerte. Pero era muy divertido ver su cara de felicidad, su agilidad y velocidad, agarrarla en el aire, prediciendo el rebote. Era mejor cachador que Mamu. No era muy sociable, o mejor dicho, no sabía cómo socializar, veía a otro perro y no sabía muy bien qué hacer, nos volteaba a ver como preguntándonos ¿qué hago? y se iba derechito y de frente hocico contra hocico a conocer al otro perro. Lo cual, la mayoría de las veces molestaba al otro perro o espantaba al dueño. Ver a un Labrador completamente negro, corriendo a toda velocidad hacia ti, no ha de ser del todo aceptable. Se llevó algunos gritos, y otras mordidas. Pero en ese entonces no sabíamos mucho de cómo deben de “presentarse” los perros. El “buenos días” de Teo era tal vez muy impetuoso. Pero por lo general era calmado, pasaba el día en su casita, viendo cómo pasaba el día, echado de panza arriba viendo las nubes, escuchando los ruidos de la ciudad, hasta que llegaba su mejor amigo humano, para jugar con él, para sacarlo a pasear, para acariciarlo, para cepillarlo. Los dos de carácter similar, calmados y reflexivos, se sentaban a pensar sobre la vida. Cuando yo los visitaba ponía el desorden, era la que lo ponía loco, la que lo hacía saltar y lo hacía desobedecer lo que Él le había enseñado. Me encantaba poder conocer a un perro totalmente diferente a Mamu, en aquel entonces no imaginé todo lo que llegaría a compartir con él.
Así, unos meses después conoció a Mamu…y todo comenzó...



Nota: esta es una introducción al blog, los siguientes serán algunos momentos que vivieron tanto Mamu, Teo en su juventud, y cómo han ido creciendo con nosotros y nuestros cambios, cómo se fueron integrando entre ellos, y la llegada de más perritos con nosotros. Poco a poco analizaré algunos de los comportamientos de los perritos de manera sencilla, para no perder la dinámica narrativa del blog. 







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