De cuando llegó Choco con nosotros, narrado por mi y por Choco

Ya llevábamos unos meses de mucho trabajo en el Campamento. Aunque aún no nos mudábamos por completo ahí, ya empezábamos a hacer mejoras para poder ir por periodos más largos, cuando los perros eran más activos o eran mayor cantidad, ya que en el departamento, tener a más de 4 ya era demasiado.
La gente de la zona nos conocía por Mamu y Teo, y luego por Zafiro, Kiliwa, Jack, Dana, Marris y Natasha. Nuestros primeros perriclientes. Como casi todos eran sociables con la gente pues era invariable que nos paráramos en la calle a platicar con alguien preguntando por los perritos.
Un día una vecina me contactó, que habían atropellado a un perrito, que estaba con mi veterinario, que lo fuera a ver y ojalá que pudiéramos buscarle casa. La verdad es complicado eso de buscar adoptantes, pero tenía que darme una vuelta al veterinario para una consulta de Mamu. Así que por la tarde fui a ver al perrito. Y bueno... la verdad ganó mi corazón desde ese momento (pero no le digan a los demás). Flaquito, chiquito, desnutrido, pero con unos ojos que me miraron saludándome y una cola que no dejaba de oscilar de felicidad. Acordamos que se quedaría una noche con el veterinario, su golpe no era grave afortunadamente, pero quería bañarlo, vacunarlo, desparasitarlo y revisarlo bien.
Al día siguiente, a medio día, fui por él, para presentárselo a Mamu y Teo. Me lo llevé cargando, no pesaba nada y yo acostumbrada a grandotes, sentí bonito. Se asustó al ver a los dos negros. Era y sigue siendo (en ocasiones) miedoso. No sabemos su historia previa, la llegamos a imaginar a veces.
Le tomamos fotos para ver si no era de alguien más por la zona, nadie lo reclamó. Buscamos ver si alguien pudiera adoptarlo, pero no hubo suerte. Lo llevamos a esterilizar, lo dejamos subir a la cama esa noche que se sentía adolorido y triste, ¡mala idea! (o excelente idea)... A mi me encantó dormir junto a él y a él junto a mi y casi casi escuché toda la noche su vocesita diciéndome "quédate conmigo". En esos días tuvimos que cuidar a Zafiro, que traía nueva hermana, una linda Lana. Nos quedamos en el departamento y Choco, Zafi y Lana se llevaron de maravilla.
Nos dimos cuenta que Choco era parte de nuestra familia y que podría ayudarnos con los perros chiquitos, que era más juguetón que Mamu y Teo.
Así fue creciendo más nuestra familia, y nuestro trabajo. No fue sencillo enseñarle las cosas básicas, siempre ha sido un perrito rebelde. Hasta la fecha sigue aprendiendo. Con sus hermanos se llena de valor y a veces se comporta bravucón, pero si está solo es muy dócil y bien portado, sobre todo en el paseo. Después de 2 años y medio con nosotros, por fin accedió a sentarse. Ya sabía hacerlo, pero creo que para él no tiene mucho sentido. Así son algunos perros. Es el galán del Campamento, tiene muchas novias, Lana, Kineta, Luna, Vikina, Mora, Kiliwa, Crepe, Pica, Alice, Kuko. Es muy divertido ver cómo algunas se encelan al verlo jugando con otra perrita.

Cuando viajamos fuera a bosques o parques se comporta como todo un intrépido, es el que va al frente investigando si el lugar es seguro. 
Mi Choco chocolate chocorrol chockis trokis. El suricato conejo perro murcíelo. El consentido por mi.




Narración de Choco:
Llevaba varios días caminando por las calles, no encontraba comida y la gente me gritaba feo cuando me acercaba. Al cruzar la calle un carro que hace mucho ruido me pegó, lloré y una chica me recogió y me llevó a un lugar que olía a muchos perros en donde dos personas me empezaron a revisar. Me limpiaron y me dieron agua. Me picaron con algo que se siente como los bichitos que tenía, mordidas de esos animalitos. Luego me cubrieron con una cobija y me metieron a una jaula. Un tiempo después llegó Ella, olía a varios perros y a comida. Me vio y me habló muy bonito, me gustaron sus manos, de dedos chiquitos y cariñosos.
Al día siguiente me bañaron, y después Ella regresó. Me cargó por la calle, la abracé. Me gusta mucho abrazarla. Llegamos a su casa, me recibieron unos perros muy grandes y negros. Me olieron en una orilla y luego me lamieron. Creo que les caí bien. Me trataban con mucho cuidado. Él me acarició y todos se veían contentos. Ellos me explicaban cosas, veía cómo Mamu y Teo, los perros negros, los obedecían. Y yo sólo me les quedaba viendo, parado y me acercaba a darles besos a Ellos. Jugaba con Teo, es grande y me cuida. Mamu es muy seria, le gusta estar solita, pero a veces voy y le doy un beso en sus orejas o sus ojos, se ríe y luego se aleja otra vez.
Ellos se han molestado cuando por las mañanas me hago pipí en la puerta, o cuando trato de comerme cosas en la calle. Pero ya voy aprendiendo, Mamu y Teo me enseñan mucho.
Me llevaron con otros doctores, me dormí y amanecí en brazos de ella en la cosa que se mueve mucho y nos lleva de un lugar a otro, estuve dormido mucho tiempo. Cuando desperté me dolía mi cuerpo, me subieron a su cama. Ella me abrazó. Soñé que íbamos a un lugar con mucho pasto, con muchos perros, y todos estábamos muy felices. Y así fue, así es mi vida ahora, algunos perros me caen bien, otros mal, hay muchas perritas juguetonas, tengo 2 hermanos y una hermana. Me gusta dormirme en el sillón con Ella. Me gusta revolcarme en el pasto, jugar con otros perros. Me encanta la comida que me dan. Me gusta viajar con ellos a otros lugares. Creo que soy muy afortunado de haber llegado aquí.

Nota: Creemos que Choco era cachorro cuando llegó con nosotros. Ahora tendría como 3 años aproximadamente. Tal vez el carro que lo atropelló era una ambulancia, porque se espanta cuando las escucha. Es un suricato por su cuello, murciélago por sus orejas, conejo por su manera de correr brincando.

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